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Una Constitución Que Nos Une

Mensaje del Rep. Jesús Manuel Ortiz con motivo de los actos oficiales del Municipio de Aguada, para celebrar el 71 aniversario de la Constitucion del Estado Libre Asociado de Puerto Rico, 25 de julio 2023.

Hoy es el día de la Constitución de Puerto Rico. La Constitución del país que amamos

del país que compartimos como conciudadanos y el que compartimos con nuestros visitantes. Del país que nos hace ser quienes somos, hasta la más profunda fibra de nuestro ser: puertorriqueños, primero que todo.

Que no se confunda nadie, hoy es un día para reflexionar sobre aquello que nos une. Específicamente lo que nos une según emana de Nuestra Carta Magna, la cual redactaron nuestros constituyentes hace 71 años y que nuestro Pueblo avaló con la abrumadora mayoría de sus votos.

Esta Constitución nos une y nos convoca a una forma de vida justa, igualitaria, liberal y democrática. Esto queda claro desde las primeras líneas del texto constitucional, y cito:

“Nosotros, el pueblo de Puerto Rico, a fin de[:] organizarnos políticamente sobre una base plenamente democrática, promover el bienestar general y asegurar para nosotros y para nuestra posteridad el goce cabal de los derechos humanos, puesta nuestra confianza en Dios Todopoderoso, ordenamos establecer esta Constitución para el Estado Libre Asociado que – en el ejercicio de nuestro derecho natural — ahora creamos dentro de nuestra unión con los Estados Unidos de América.”

Nuestra Constitución enmarca con grandeza y profunda devoción liberal y humanista, nuestros compromisos fundamentales como Pueblo. Y es que no debemos tomar livianamente estos compromisos, pues expresan nuestra esencia como país y como ciudadanos que aspiran a una vida buena, digna y honorable, individual y colectivamente. Estos compromisos persisten a pesar del paso del tiempo y de los cambios inevitables en la vida de los pueblos.

Estos compromisos son los que nos unen a mí y a mí generación con la generación de nuestros padres y abuelos.

Igualmente me une a la generación de mis hijos, pues quiero para ellos la libertad más amplia posible contra el discrimen por raza, por color, por género, por origen social, por ideas políticas o religiosas.

Quiero para ellos que puedan expresarse sin censura. Quiero para ellos, igual que para todos los puertorriqueños, que su voto cuente igual que el del más poderoso y rico. Quiero para ellos que se puedan asociar pacífica y libremente, sin coerción de nadie y sin que el gobierno les persiga por pensar distinto. Quiero para ellos el principio fundamental de la igualdad y la solidaridad, que se manifiesta en nuestro Pueblo todos los días.

Las aspiraciones de la gente siempre han sido y serán la esencia del Estado Libre Asociado de Puerto Rico y de nuestra Constitución.

Es por eso, que cada vez resulta más importante defender las libertades y los derechos que la Constitución le garantiza a todos los puertorriqueños, incluso a aquellos que se oponen a la misma. Un ejemplo de eso se ve en nuestras relaciones con los Estados Unidos. Nuestra Constitución representa el sentir de la gran mayoría de nuestro Pueblo en cuanto al deseo de desarrollar nuestra democracia, nuestra vida colectiva y nuestras potencialidades humanas garantizando la ciudadanía americana y dentro de la unión con los Estados Unidos de América. Sin embargo, no todos piensan así. Por ejemplo; hay quienes no desean continuar esa relación de unión permanente y quisieran que Puerto Rico se separara de los Estados Unidos y se independizara.

Esa realidad nos debe llevar a preguntarnos: ¿Cómo puede nuestra Constitución ser para todos si algunos la rechazan, pues repudian la unión permanente y quisieran la independencia separada de los Estados Unidos?

Es por esa pregunta que hoy, sin reserva alguna, me hago eco de Don Luis Muñoz Marín cuando dijo: “el Estado Libre Asociado y la Constitución de Puerto Rico que adoptamos como pueblo será tan permanente como lo quiera la voluntad del Pueblo de Puerto Rico”.

Eso es. Ni más ni menos. Muñoz además dejó claro que la Constitución del Estado Libre Asociado, por su naturaleza flexible y democrática, no cierra puertas. No cierra puertas de cambio hacia el futuro, ni a la admisión de Puerto Rico como estado, ni a la independencia separada, si eso es lo que quiere el pueblo. Y esa es la verdad.

En otras palabras; aquí no hay espacio para las campañas de miedo de los que prefieren la anexión. Tampoco para las utopías de los que quieren la independencia. El Estado Libre Asociado existe y existirá en unión permanente con los Estados Unidos, siempre que este Pueblo así lo quiera. Quien quiera ese cambio tiene que conseguir los votos.

Creo en la permanencia del Estado Libre Asociado y la defiendo por encima de las alternativas polarizantes, porque es la única fórmula que armoniza nuestras aspiraciones de mantener la unión permanente con Estados Unidos sin dejar de ser lo que somos: puertorriqueños. Es la fórmula que protege nuestra herencia, nuestro idioma, nuestra bandera y nuestra puertorriqueñidad, sin separarnos de un país que ya es parte integral de nuestra forma de vida democrática y de nuestras aspiraciones futuras.

Por eso, como estadolibrista, no siento miedo alguno en dejarle la puerta abierta a la libre voluntad de este Pueblo, para que decida clara y mayoritariamente su futuro. Muñoz Marín estaba claro en que ésta Constitución nos debe unir, aún reconociendo que tenemos diferencias, pues nuestra Constitución no le cierra puertas a la voluntad libre y mayoritaria del Pueblo. Y lo hace sin necesidad de plebiscitos criollos amañados, sin excluir al ELA de la papeleta. Lo hace con respeto al pueblo a quien sirve.

Si lo que proponen es una consulta avalada por el Gobierno Federal, que es la única manera de que el resultado sea vinculante, pues que el Pueblo evalúe y decida sobre todas las opciones: la estadidad, la independencia, la libre asociación. Y así como yo no le tengo miedo a cualquier consulta, que demuestren que no le tienen miedo a un proceso justo, y que enfrenten al Estado Libre Asociado en la papeleta. Que pongan al ELA en la papeleta. Eso es democracia.

Ese respeto a la democracia vibrante que emana nuestra Constitución tuvo un gran ejemplo en el conocido Verano del ’19. Porque fue al amparo de nuestra Constitución que la sociedad civil pura, trascendiendo ideologías políticas, forzó pacífica y ordenadamente una transición de Gobierno sin precedente.

En esa prueba de fuego se demostró que no existe mayor Fuerza que la que nos une, y que esa Constitución que hoy cumple 71 años nos sirvió a todos, desde los más humildes hasta los más pudientes, desde los que creen en la Constitución hasta los que la critican y la desdeñan. Esa es la grandeza y el valor incuestionable de nuestra Constitución.

Para mí, no existe mayor honra y orgullo que poder decirle a mis hijos y a los amigos de mis hijos que gracias a nuestra Constitución, aquí en Puerto Rico no se puede legislar la pena de muerte bajo ningún concepto. Aquí nadie puede discriminar por ideas políticas o religiosas. En suelo boricua, el voto de un joven de una barriada vale lo mismo en las urnas, que el del presidente de un banco o de una gran empresa, y su voto es libre y secreto. Que pueden expresar su opinión libremente, sin miedo a la censura o a la persecución policial. Que su derecho a la intimidad, a amar, a su vida privada y a tener su familia está protegido por esta Constitución. Que todos y todas somos iguales ante la ley.

Estas cosas se las puedo decir a mis hijos y a todos los jóvenes de la nueva generación porque es verdad. Ésta es la Constitución que nos une, que defendemos y que pasamos de generación en generación, de padres a hijos, de madres a hijas.

Que nadie los llame a engaño. Esta Constitución que hoy cumple 71 años no es un documento estático, fijo en las añoranzas del pasado y los logros del ayer. No, compatriotas. Esta Constitución puertorriqueña es un estatuto orgánico, vivo y dinámico, que por voluntad de nuestro Pueblo tiene la capacidad de orientar nuestro futuro. Y con miras a ese futuro se enriquece, crece y florece en la medida en que cada ciudadano comprenda que la Constitución no solo protege derechos fundamentales, sino que además nos llama a asumir responsabilidades fundamentales y obligaciones de vital importancia con el presente y el futuro del país.

Nos toca aceptar estas responsabilidades, sobre bases liberales, igualitarias y democráticas que son la esencia de nuestra Constitución y, desde estas bases vivir al servicio de las aspiraciones del pueblo puertorriqueño. El momento histórico que afrontamos requiere que pongamos todas nuestras energías intelectuales, morales y creativas para prepararnos y estar a la altura de los retos y de las oportunidades de un mundo nuevo.

Es momento de convertir nuestro Gobierno en uno moderno, con la mayor cantidad de procesos digitales posible, de preparar a nuestros niños en innovación, en resolución de problemas complejos, en autogestión, en el uso y desarrollo de tecnología, manejo de datos, inteligencia artificial, automatización de procesos, entre otras destrezas necesarias en el mundo de hoy y del futuro.

Este es un momento clave en nuestra historia. Un momento de cambios en los que no podemos quedarnos pasivos y a la espera de que nos ayuden de afuera. Tenemos que reanimar nuestras fuerzas propias y hacerlo con efectividad, para no ir en contra de la corriente sino a favor de ésta.

Ahora bien, esto no lo podemos hacer con cuentos de camino, ni con los engaños al Pueblo que tanto nos han costado a través de estos años. Tiene que ser con sabiduría, transparencia, honestidad, justicia y sobre todo con la verdad. Con realismo y voluntad de superar los retos hasta llegar a lo que parece imposible.

Y en eso yo voy a Puerto Rico, Yo voy a nuestro pueblo.

Ya lo hicimos una vez a partir de la aprobación de esta misma Constitución en 1952. Lo hicimos en momentos en que el mundo atravesaba grandes retos. Y lo podemos volver a hacer a pesar de los grandes retos que se viven hoy a nivel global.

Tenemos todas las herramientas para transformar a Puerto Rico en un lugar ejemplar. Vamos a volver a soñar. Vamos a presenciar juntos un nuevo amanecer.

No quisiera culminar estas palabras sin hacer un llamado especial a nuestra juventud puertorriqueña. A la generación que se levanta y que necesita un país enaltecido y ganas de emprender, para poder vivir una vida plena en su patria.

A aquellos a quienes les dicen que la salvación está en otra parte y que su única opción es marcharse, y que se han acostumbrado a escuchar que Puerto Rico no tiene arreglo

Hoy les digo que no acepten eso como cierto. Nunca acepten la rendición como solución.

Sí, tenemos muchos problemas que enfrentar. Necesitamos más y mejores trabajos para ustedes, con mejores salarios e incentivos, para que practiquen la profesión que aman en su Tierra.

Tenemos que honrar el mandato constitucional, garantizándoles un sistema de educación que los prepare para los trabajos del futuro. Tenemos que ejecutar y hacer cumplir de verdad las leyes que protegen nuestros recursos naturales para el disfrute de éstas y futuras generaciones. Tenemos mucho camino por recorrer para garantizar un país justo para todos.

De los retos podemos hablar largo y tendido. Pero no olviden que antes hemos tenido grandes retos y los hemos superado.

Este país se forjó y tuvo grandes logros porque contó con gente que estuvo dispuesta a trabajar para cambiar las cosas. No tenemos por qué aceptar que la única salvación está fuera del país. Yo me niego a aceptar que los hijos e hijas de esta tierra tengan que irse de aquí para aspirar a una vida mejor.

Al educarse, saben que pueden cruzar el mar y aventurarse a las universidades y experiencias que mejor los preparen, donde sea. Pero nunca olviden, que ésta es su casa, que éste es su lugar, que ésta es su patria, que sus manos son necesarias aquí, para reconstruir a Puerto Rico.

La generación del ’52 aceptó el reto y lo superó. Hoy nos corresponde a nosotros. Es momento de reinventar la vieja gobernanza, reactivar nuestras potencialidades económicas y elevar nuestra experiencia humana en todos los órdenes de la vida. Es momento de demostrar de qué estamos hechos.

Puerto Rico es de ustedes. Atesórenlo. Viajen, vivan, exploren, pero no olviden que su llamado más grande es hacerse mejores y elevar su espíritu, para que con sus experiencias regresen a la Tierra que los vio nacer y aporten al forjamiento de un nuevo Puerto Rico.

Esta Constitución es de todos. Es de nuestros viejos, también de los que ya no están en este mundo, pero que hicieron mucho por nosotros. Es de los que sin importar limitaciones económicas o dificultades en su entorno, se fajan, luchan y sueñan con las cumbres que podemos conquistar como Pueblo.

Pero sobre todo, esta Constitución, construida por los que estuvieron antes de nosotros, es de los jóvenes y la nueva generación que se levanta. Que hoy se levanta para hacer realidad ese nuevo amanecer puertorriqueño que nos espera. Aprendamos de las generaciones que nos precedieron y vamos a la conquista de nuestra meta: un Puerto Rico donde todos sus hijos e hijas quieran crecer y desarrollarse al máximo.

Dios los bendiga. Que viva nuestra Constitución del Estado Libre Asociado Y que Dios bendiga a Puerto Rico.

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